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October 9, 2026

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Telmacus lanz una maldicin y se imagin a la delicada carga que llevaba detrs (ms de un centenar de hombres, mujeres y nios) gritando de terror, confinados como estaban, sin saber lo que ocurra. Telmacus lanz una blasfemia y redujo la potencia del colchn antigravitatorio de su esquife, de modo que este redujo su altitud con respecto al suelo. Por el retrovisor, Telmacus vio que la silueta de la cazadora se mezclaba con otras en una frentica danza de destruccin y combate cuerpo a cuerpo. Linfal solt un agudo iiiiiiiiih en los ltimos metros, cuando vio que el costado del robotic-gra estaba a menos de un segundo de impactar contra su parachoques. Una vuelta que, justo cuando llovieron las agujas, coloc su crter inferior orientado hacia ellas. Justo la clase de vehculos que les gustaba llevarse a los dravitas a sus caceras. El segundo aerodeslizador se les acerc por detrs. A su alrededor florecan fuegos silenciosos de armas de energa, escapando hacia el cielo en forma de vectores lser, pero ella no les prestaba atencin: era como una gata salvaje cuya nica garra -el machete- haba llenado sus celdillas con el calor del magma, y cortaba carne y amputaba brazos y piernas como si estuviera en un cimbrado desquiciado.

Su espada period el rompiente que preceda aquellos breves oleajes de sangre, su cara un desperfecto oscuro en la plida luz del atardecer. Parecan aerodeslizadores blindados de despliegue tctico, posiblemente de origen militar, que volaban a un par de metros del suelo dejando estelas de polvo. No hizo falta ni siquiera que lo amenazara: el otro lo mir con un acceso de pnico y salt fuera, quedndose muy atrs mientras rodaba por el suelo. Sin embargo, pudo ver algo que le preocup, y period que el tercero de los aerodeslizadores que se haban adelantado, el ms grande -pareca una mezcla entre vehculo flotador y robotic-gra gigante- se acercaba peligrosamente al camin que iba en cabeza, el de su mujer. Este no daba crdito-. No, este trasto no da para ms. Eso convirti la cadena que los una en una especie de tirolesa, con un extremo ms elevado que el otro. Seguro que Telmacus le echara una bronca tremenda si supiera lo que pretenda hacer: convertir aquel transporte de civiles en un arma. Mientras l se preocupaba por atraer la atencin de sus perseguidores sobre s mismo, para alejarlos de los camiones, Tsunavi disparaba como una loca hacia atrs. Bestia alz en el aire una vara de potencia que siempre se llevaba a todas las caceras, capaz de emitir una onda de concusin que poda lanzar por el aire varios metros a un humano adulto, y lo volte sobre su cabeza.

Ella grit, ms por rabia que de dolor, y alz el brazo lentamente para que la espina fuera atravesndolo poco a poco hasta salir por debajo. Luego choc contra el suelo y revent en una nube de polvo y fuego -el combustible que usaba no es que fuera especialmente peligroso, pero se portaba de manera muy poco amistosa con todo aquel que no supiera comprenderlo-. Eso le dio fuerzas a Telmacus para seguir luchando un poco ms, aunque su cuerpo ya estuviera al lmite de la extenuacin, y continu trepando hasta subirse a la bodega del tptero. Telmacus se encogi, pero not cmo cuatro o cinco impactos producan un ruido como de pistola de clavos en su coraza. Dio gracias a los dioses, por eso al menos: un insignificante detalle comparado con la situacin common. Hubo un dilogo invisible con otros jefes de turba. Tena la forma de un monorrueda, pero flotaba a un par de metros del suelo como los otros. Y como el aerodeslizador no tena techo, no haba dnde esconderse.

El piloto tena que ser un suicida, o tener ms miedo de desobedecer una orden de Padre Addar que de arriesgar su aparato en aquel maelstrom, pues se lo vea luchando enconadamente contra las trmicas y las atroces corrientes. El tacmetro que contaba el nmero de revoluciones de la hlice que refrigeraba el motor se cans de su lugar en el tablero y salt como una rana. Pero si Arthemis crey que todo terminara ah, estaba equivocada, porque de repente, unas manos surgieron de la nube de polvo que el vehculo arrastraba tras de s, y el cuerpo de Baby Boom, tosiendo, apareci detrs. Los tentculos del pobre Logus culebreaban por la cabina, asustados; l tambin lo estara pasando muy mal, con lo wise que period. Tambin le haban acertado un par en el casco, clavndosele como pequeos cuernitos. Aquellos que no gritaban lo suficiente como para dar las notas limpias, sentan ltigos chasqueando al cruzar sus espaldas desnudas. Padre Addar puls una nueva combinacin de notas en su teclado, que el coro respald con sus gritos de agona.

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